Compartir la tenencia de los hijos luego del divorcio depende de varios factores.

Generalmente es necesario el contar con dos hogares para la convivencia de los hijos con cada padre, armados y provistos a tal efecto. La proximidad de los mismos es un factor importante a la hora de establecer un régimen de crianza compartida. También influyen la flexibilidad de los trabajos de ambos, la presencia de otros adultos que colaboren, la edad de los hijos, el diálogo parental post-conyugal que hayan logrado establecer, el nivel económico y otros factores menores.

Todo estos elementos combinados permiten asegurar que no hay dos tipos de regímenes de tenencia compartida iguales. Se planifican atendiendo a los requerimientos y realidades de cada caso.

En el aspecto físico, es muy común distribuir semanalmente tres días para un padre y cuatro para el otro. Estos días pueden estar alternados en la semana (ej. Padre 1: Lu, Mi Vi, Do y Padre 2: Ma, Ju, Sa) o agrupados (Padre 1: Do a Mi y Padre 2: Ju a Sa). También podría establecerse una semana con cada progenitor. Cada sistema tiene ventajas y desventajas tanto para los hijos como para sus padres.

En el aspecto de decisiones, compartir la tenencia implica que los padres acuerden las decisiones importantes respecto a los hijos en común, tales como establecimientos educativos donde concurren, lugares de residencia, tratamientos médicos, vacaciones, cumpleaños y otras fiestas, participación de nuevos cónyuges en la educación, etc. Bajo el lema general de "no hacer al otro padre lo que no nos gustaría que nos hagan a nosotros". Los acuerdos pueden ser explícitos o también tácitos cuando no es posible lograr un diálogo aceptable entre los padres.

En ANUPA se ha presentado casos donde eran los hijos los que permanecía fijos en una casa y eran los padres los que rotaban semana por medio, lo cual habla a las claras de lo difícil que es delinear un sistema estándar de tenencia compartida.

Lo importante de compartir la tenencia es que ningún padre queda periférico respecto de la crianza de sus hijos y que los hijos sienten que no perdido a ninguno de sus padres. Es como mantener viva a la familia, pese al divorcio, en lo que a vínculos afectivos y de protección paterno-filiales se refiere